BE WATER MY FRIEND

   Son muchos los esfuerzos que en las últimas décadas han destinado los principales organismos de salud para concienciar acerca de los beneficios de la práctica de ejercicio físico, tanto física como psicológicamente. Y estos esfuerzos, actualmente, recogen sus frutos tal y como plasman los datos recogidos en algunos planes de salud donde se observa cómo la población es cada vez menos sedentaria. De hecho, sin necesidad de llevar un estudio estadístico, la mayoría de nosotras seguramente lo habremos constatado en nuestro día a día. Cada vez somos más las personas que optamos por seguir un estilo de vida activo, y en este cambio, las mujeres, quienes tradicionalmente hemos (y desgraciadamente aún seguimos) presentado niveles superiores de sedentarismo, empezamos a dar un giro a esta situación, ya que hemos aprendido a adoptar un patrón de ejercicio propio, adaptado y ajustado a nuestros intereses, motivaciones y posibilidades. Y este patrón, además, no necesariamente responde al mismo patrón de ejercicio masculino, cuyos intereses, motivaciones y objetivos pueden diferir en gran medida a los de las mujeres.

   Es importante tener en cuenta que, desde una perspectiva de género, no es tan relevante conseguir la “igualdad”, sino conseguir no ser discriminadas y/o etiquetadas por nuestras diferencias. Y en este largo camino que las mujeres vamos recorriendo en el ámbito deportivo, el running se está convirtiendo en una práctica que nos permite sentirnos identificadas como deportistas, sin tratar de adoptar patrones masculinos de práctica (normalmente más enfocados a la competición y a la superación constante). El running se ha convertido en una actividad que sentimos como propia, que nos permite reencontrarnos, dedicarnos tiempo, sentir que nos cuidamos por fuera y por dentro, y siempre manteniendo nuestro rol femenino.

   Pero… ¿Cuántas veces hemos salido a correr con la mala conciencia de que deberíamos estar cumpliendo con X responsabilidad (como por ejemplo ayudar a nuestros hijos a hacer los deberes en lugar de dejarlos con nuestros padres)? Seguimos teniendo muy presente nuestro rol tradicionalmente aceptado de cuidadora. Pero a éste se nos han sumado otras múltiples obligaciones y papeles que desarrollar en nuestro día a día: ser competente y profesional en nuestro trabajo, gozar de una buena vida social, seguir siendo una gran ama de casa, y además a todo esto se suma el ser una “buena runner”. Ante la imposibilidad de responder a todas estas demandas, debemos escoger a cuáles responder, y en ocasiones, al no querer renunciar a ninguna, acabamos respondiendo a medias a cada una de ellas. Con el consecuente riesgo que una actividad a priori gratificante como salir a correr se acabe asociando a una situación generadora de tensión y pudiendo ocasionar que acabemos abandonándola.

   Si bien es cierto que los beneficios del ejercicio científicamente constatados responden a una frecuencia, duración e intensidad determinada, también es cierto que las circunstancias vitales no siempre nos van a facilitar poder cumplir con ellas. Pero no por ello, debemos polarizarnos, e irnos al otro extremo, abandonando el running. Actualmente, se conoce que de cara a favorecer la adherencia y constancia en la práctica deportiva, es importante que el ejercicio cumpla las siguientes características:

Combina la información científica con las preferencias personales.

Es importante que sigamos una práctica saludable de running, siguiendo a ser posible el asesoramiento de un equipo especialista. Sin embargo, si queremos mantenernos, es importante que esta programación se ajuste a un entrenamiento que nos guste y nos apetezca hacer.

Enfatiza la libertad de elección del ejercicio, su duración, intensidad y frecuencia.

Si pasas una época en la que no puedes seguir la planificación a raja tabla, acéptalo y practica según el tiempo que dispongas, aunque eso signifique reducir el número de sesiones y/o la duración de ellas. Probablemente nuestra forma física se verá afectada, pero también lo hará si abandonas completamente, o entrenas bajo un estado de estrés o ansiedad.

Escucha tu cuerpo para planificar la sesión de ejercicio.

Es de vital importancia aprender a atender a las señales que nos da nuestro cuerpo. Tras un duro día de trabajo probablemente añadir una sesión dura de carrera va a potenciar nuestro agotamiento, y malestar. Trata de llevar a cabo una sesión que te permita desconectar y sentirte bien o incluso tómate un día de descanso si es necesario. Siempre podrás recuperar la sesión un día en que te sientas más descansada o motivada.

Céntrate en el proceso del ejercicio más que en los resultados.

Disfrutar del propio movimiento, de la carrera, de tu respiración, del paisaje… más allá de los resultados de rendimiento que puedas tener.

Be water my friend” y adapta la práctica deportiva a las características propias de la etapa que estés viviendo.

Es importante entender que vivimos ciclos vitales dinámicos y cambiantes, y por tanto, nuestras circunstancias van a condicionar necesariamente el programa de entrenamiento. Por eso, la flexibilidad y la capacidad de aceptación te ayudará a seguir disfrutando del running ante cualquier circunstancia.

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