Corriendo hacia el bienestar emocional

   El running está en auge y en los últimos años ha seducido a muchísimas personas, incluso a aquellas que nunca habían practicado deporte e incluso no les gustaba.

   Muchos días cuando salgo a entrenar me sorprendo al encontrarme corriendo a antiguas compañeras de instituto, que antaño buscaban mil excusas para saltarse y librarse de hacer la clase de educación física. Con algunas de ellas, incluso bromeando, les recuerdo que me decían que estaba loca por salir a entrenar cuando acabábamos las clases. Paradójicamente, años más tarde, ellas comparten la misma maravillosa locura por correr.

RUNNING Y SALUD

   Sin embargo, me resulta curioso, que si bien es cierto que la mayoría me dicen que les gusta correr, otras confiesan que correr sigue sin ser su “actividad favorita”, pero que lo hacen porque les ofrece la oportunidad de llevar a cabo un deporte que les permite dedicarse un tiempo exclusivo para ellas, para su autocuidado, y porque que les hace sentir bien una vez han acabado.

   En realidad, no es ninguna novedad que el ejercicio, en general, y el correr en particular, mejora el estado de ánimo y la sensación de bienestar. A nivel científico son muchas las explicaciones que se han dado para explicar este fenómeno, tanto en el plano fisiológico como psicológico. Algunas de las explicaciones desde un plano fisiológico argumentan que el ejercicio reportaría bienestar psicológico gracias a que produce un incremento en el flujo sanguíneo cerebral, genera cambios en la secreción de neurotransmisores (como la endorfina, la epinefrina o la serotonina), reduce de la tensión muscular, conlleva cambios estructurales del cerebro, entre otros. Desde un plano psicológico, algunas explicaciones se centran en que el ejercicio incrementa la percepción de control, de competencia y de autoeficacia, mejora el autoconcepto y la autoestima, genera oportunidades de establecer interacciones sociales positivas y/o reporta diversión.

   Sin embargo, a nivel de bienestar, es importante tener en cuenta que no todos los tipos de ejercicio se relacionan con una mejora del estado de ánimo. De manera que, si nuestro objetivo a la hora de correr es sentirnos bien (más allá de alcanzar o no objetivos de resultado), es importante tener en cuenta cómo debemos planear nuestra salida.

   Berger y Motl (2001) destacan que el ejercicio debe cumplir las siguientes características para mejorar el estado de ánimo :

  1. Debe permitir mantener una respiración rítmica abdominal. En este sentido, muchos estudios destacan que un ejercicio aeróbico favorece este tipo de respiración y mejora el estado de ánimo.
  2. Ausencia relativa de competición interpersonal. Es importante que el enfoque, a la hora de salir a correr se centre en la diversión, evitando fuentes de presión como puede ser querer ganar, compararse con otras personas o sentirse evaluadas por el entorno. Para muchas personas la competición interpersonal puede ser fuente de estas presiones. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que para otras personas la competición interpersonal resulta una fuente de diversión y no genera presión ni percepción de ser evaluadas. En este caso, la competición no sería un hándicap para conseguir bienestar sino una herramienta potenciadora del mismo, además de motivación extra.
  3. Actividades cerradas y predecibles. Según estos autores, entornos cerrados y controlables permiten llevar a cabo movimientos planificados, automáticos, que facilitan la asociación libre del pensamiento (desconexión) mientras se practica, de manera que puede ser un momento para poder evadirse del día a día. Sin embargo, estudios recientes destacan los beneficios de ejercitarse en un entorno natural, como correr por la montaña o por la playa. En este sentido, si queremos desconectar, podemos escoger una ruta en un entorno natural que nos permita llevar un ritmo relativamente constante, sin interrupciones para poder evadirnos y desconectar de nuestros problemas cotidianos.
  4. Movimientos rítmicos y repetitivos. Promueven la introspección o el pensamiento creativo mientras se practica. Este foco atencional puede liberar la mente para enfocarse en aspectos más importantes y favorecer, por ejemplo, la resolución de problemas. En este sentido, correr es una buena opción. Muchas veces, al volver de una sesión de entreno somos capaces de resolver de una manera rápida y efectiva dificultades, tareas o problemáticas en las que estábamos atascadas y no sabíamos cómo abordar.
  5. Duración, intensidad y frecuencia. Los grandes organismos de salud (p.ej. OMS) están de acuerdo en que para obtener beneficios para la salud, los adultos deben practicar un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio a una intensidad moderada (o 75 minutos si es vigorosa). Si queremos obtener beneficios a nivel de estado de ánimo, es importante seguir estas prescripciones, así como practicar de manera regular (un mínimo de 3 veces/semana).
  6. Diversión. Ya hemos comentado en anteriores posts, que probablemente una de las claves para asegurar la adherencia y la práctica continuada es que correr resulte divertido. Correr es una actividad versátil que puede llevarse a cabo de diferentes maneras: sólo o en compañía, en entorno urbano o rural, con acompañamiento musical o atendiendo a nuestro entorno, a un ritmo suave que nos permita conversar y relajarnos, o a un ritmo exigente que nos ayude a sentir cómo superamos nuestros límites.

   Es importante, pues, que elijamos cada día qué tipo de entreno se ajusta más a nuestro camino hacia el bienestar para que nos ayude a divertirnos, y por lo tanto a sentirnos bien.


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